Implicaciones del microbioma en patologías.

¿Qué es la microbiota?

La microbiota es el conjunto de microorganismos (bacterias, arqueas, virus, hongos y protistas) que albergan en el interior del cuerpo humano. Existen mil billones de microorganismos en nuestro interior, un número similar a la cantidad de células que poseemos, además se estima que hay 150 veces más microorganismos que genes.

La microbiota aporta genes que han evolucionado junto con el genoma humano, dando lugar a una mejora del funcionamiento sistémico entre ambas partes, estableciéndose una relación de simbiosis. Los microorganismos ayudan a regular el metabolismo intestinal, fortalecen el sistema inmune protegiendo al ser humano frente a patógenos, cooperan en las funciones de adquisición de energía y mantienen la mucosa estable. A cambio, los microorganismos pueden vivir en nuestro cuerpo en condiciones favorables para su proliferación, aprovechando algunas sustancias como nutrientes.

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Hablamos de microbioma cuando nos referimos al conjunto de microorganismos, genes, metabolitos y condiciones ambientales en las que estos microorganismos se encuentran dentro del ser humano. Es decir, el microbioma es el ecosistema microbiano, que se concentra mayoritariamente en el intestino, los pulmones, la boca, los genitales, los ojos y la piel.

Los cambios en la composición de la microbiota en adultos, son indicadores de enfermedad crónica como asma, estreñimiento, trastornos gastrointestinales, algunos tipos de cáncer, problemas neuronales degenerativos, etc. Por esta razón, es importante cuidar bien nuestros microorganismos ofreciéndoles una dieta saludable y buenos hábitos cotidianos. No obstante, es importante tener en cuenta que cada persona presenta una microbiota diferente y única. Además, la mayor parte de nuestra microbiota está formada por bacterias y aparece desde el momento en que nacemos, manteniéndose constante hasta los 3 años aproximadamente. Desde esta edad en adelante, la microbiota está sujeta a cambios continuos en función de diversos factores.

Factores antes del nacimiento

Gran parte de los microorganismos que conformarán la microbiota del futuro bebé son de origen materno, adquiridos a través de la placenta o del líquido amniótico. La microbiota de la madre, a su vez, estará condicionada por los hábitos de vida que presente; por ejemplo, si sufre de estrés, cambios drásticos en la dieta, malos hábitos como el tabaquismo o incluso la edad. Además, se sabe que los/as niños/as que nacen por parto natural adquieren una microbiota más rica que los que nacen por cesárea. Esto es debido a que el canal del parto es esencial para la obtención de microorganismos que protegerán al bebé frente a diversas enfermedades.

Factores tras el nacimiento

El periodo de lactancia también se considera imprescindible para el asentamiento de la microbiota del bebé, con una diversidad notable y una mayor similitud a la microbiota adulta. El ambiente en el que crece el/la niño/a también es muy importante, pues los hábitos de sueño, la crianza en presencia de mascotas, la dieta o el ambiente social y familiar relajado favorecerán la diversidad microbiana. Por el contrario, el uso de antibióticos podría dañar la microbiota del bebé sobre todo durante los primeros meses de vida.

Factores ambientales

Los factores ambientales son los principales desencadenantes de la salud de nuestra microbiota. Por ejemplo, factores como el estrés, el cansancio, la ansiedad, la exposición a sustancias contaminantes, el consumo de una dieta no equilibrada o los hábitos relacionados con el tabaquismo o el alcohol son perjudiciales para la microbiota y pueden provocar cambios en su composición.

Factores genéticos

Recientemente se han realizado estudios publicados en la revista Nature Genetics para evaluar los factores genéticos implicados en la microbiota, y se ha observado que hay algunas variantes genéticas que determinan la composición de los microorganismos que forman parte de nuestro microbioma. En este sentido, un artículo de la Universidad Christian Albrechts de Kiel encontró, en el análisis del ADN de unas 9.000 personas aproximadamente, 38 regiones del genoma relacionadas con la microbiota intestinal. Dentro de estas 38 regiones detectaron el gen AB0 responsable de establecer el grupo sanguíneo. Este gen determina el antígeno específico (A, B, AB o ninguno) que se encontrará en el torrente sanguíneo y será liberado al intestino cuando finalice la vida útil del glóbulo rojo. Allí, este antígeno será una fuente de alimentación para los microorganismos habitantes del tracto intestinal por lo que, en función del grupo sanguíneo, se generará un ambiente intestinal u otro que será determinante para las especies que formen parte de nuestra microbiota.

En otros artículos se ha observado una asociación de las variantes del gen LCT, encargado de codificar la enzima que metaboliza la lactosa, con la abundancia de las bacterias del género Bifidobacterium en la microbiota intestinal. Además, se ha observado relación entre las variantes del gen FUT2, ADN que codifica las enzimas que digieren los antígenos de la sangre (A o B), con la abundancia del género bacteriano Ruminococcus.

Igualmente, se han publicado estudios realizados con gemelos para evaluar el papel de la genética en la composición de las especies que forman parte de la microbiota. Estos estudios demuestran que los gemelos idénticos presentan una microbiota más similar que los hermanos no gemelos o mellizos.

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Así, la genética se convierte una vez más, en un factor esencial a la hora de estudiar el microbioma de un individuo y las posibles enfermedades que puede padecer, sujetas a cambios en la composición de ese microbioma. Precisamente, a través de los tests genéticos puede estudiarse la composición de microorganismos que tenemos, para evaluar el riesgo de padecer determinadas enfermedades o las causas por las que presentamos una patología o dolencia que afecta a nuestro estado de salud.

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